marzo 12, 2009

Una historia especial...

Nos escribe un colaborador contándonos una historia muy especial. Es antigua pero vale la pena. La reproducimos tal cual...




Ayer me pasó algo increíble.
Estaba yo trabajando a las 19:40 cuando me interrumpe la llamada nerviosa de un amigo:
—Necesito que me hagas un favor muy grande-.
—Dime, le contesté.
—Tengo un sobrinito de cinco años con una leucemia terminal. Está en las últimas. Resulta que ayer vinieron unos payasos al hospital, pero él no pudo verlos y se ha quedado desconsolado. Lleva todo el día preguntando si van a volver. Tiene que ser ahora, porque el médico ha dicho que probablemente no pase de esta noche. ¿Tú podrías…?.
Él sabía que yo había hecho algo de teatro y por eso acudía a mí como último recurso.
Dije que sí —¿cómo podía negarme?—. Cogí una nariz roja, lo único auténtico, unas témperas para maquillarme y la ropa más estrafalaria que encontré. A las 8:15 estaba en el hospital. Me cambié en un pasillo (menos mal que no había nadie), me pinté frente al reflejo de una ventana y me lancé.
Humbertito tenía respiración asistida y le habían puesto morfina. A pesar de ello me reconoció —reconoció mi oficio—. Hice… lo que pude.
A las 9 se durmió y me despedía de unos padres admirables. Le prometí volver al día siguiente.
A las dos horas falleció. Se marchó al cielo como un cohete.
Hace 20 años tuve la suerte increíble de actuar frente a Juan Pablo II junto a un conocido payaso. Yo la tenía por mi mejor actuación (¡qué momento!). Después he hecho muchas cosas, pero ninguna como aquella. Ayer tuve mi segunda actuación estelar. La pedí a Juan Pablo II que cuando llegara Humbertito le diera un abrazo muy fuerte.
Tengo otro amigo en el Cielo.
27.III.08

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